La caza en la Albufera de Valencia es una de las tradiciones más antiguas del lago, anterior incluso al cultivo del arroz. Durante siglos, las aguas y los carrizales del lago han sido territorio de caza para los habitantes de El Palmar y los pueblos colindantes. Hoy, esta actividad convive con la protección del Parque Natural en un equilibrio delicado pero que lleva décadas funcionando.

Historia de la caza en la Albufera

La Albufera ha sido coto de caza desde la época medieval. Los reyes de la Corona de Aragón la convirtieron en coto real exclusivo: solo la familia real podía cazar en estas aguas. Con el paso de los siglos, ese privilegio fue pasando a manos de la nobleza y, finalmente, al conjunto de los vecinos de los pueblos del lago.

En el siglo XIX, la caza en la Albufera era un espectáculo social. Las grandes monterías atraían a la aristocracia valenciana y a visitantes de toda España. El rey Alfonso XII llegó a cazar personalmente en el lago, y existen crónicas de jornadas en que se abatían miles de patos en un solo día.

Esta presión cinegética tan intensa fue uno de los factores que impulsó, a partir del siglo XX, la creación de regulaciones más estrictas y, finalmente, la declaración de la Albufera como Parque Natural en 1986.

Caza en la Albufera de Valencia, tradición histórica del lago

Las especies cinegéticas del lago

La Albufera alberga una extraordinaria diversidad de aves acuáticas, muchas de las cuales han sido históricamente objeto de caza. Las principales especies cinegéticas del lago incluyen:

Patos y anátidas

Son las especies más cazadas en la Albufera. Entre las más comunes:

  • Ánade real (Anas platyrhynchos): el pato más abundante y el más cazado
  • Cerceta común (Anas crecca): pequeño, rápido, muy valorado por los cazadores
  • Pato cuchara (Anas clypeata): fácilmente reconocible por su pico en forma de espátula
  • Porrón común (Aythya ferina): pato buceador, menos abundante pero presente en el lago

Fochas

La focha común (Fulica atra) es quizás el ave más característica de la Albufera. En invierno pueden concentrarse en el lago decenas de miles de ejemplares. Históricamente fue muy cazada, aunque su carne tiene un sabor fuerte que requiere preparación específica.

Otras especies

La becada (Scolopax rusticola) y algunas especies de limícolas también han sido objeto de caza en la zona, aunque en menor medida.

La regulación actual

Desde la declaración de la Albufera como Parque Natural, la caza está estrictamente regulada. La Generalitat Valenciana establece anualmente los cupos, épocas hábiles y zonas permitidas.

La temporada de caza acuática en la Albufera se desarrolla principalmente en otoño e invierno, coincidiendo con la presencia máxima de aves migratorias. Las zonas de caza están claramente delimitadas y existen áreas de reserva integral donde la caza está totalmente prohibida.

Los cazadores deben:

  • Disponer de licencia de caza y permiso específico para el parque
  • Respetar estrictamente los cupos y las zonas autorizadas
  • Utilizar munición no tóxica (obligatoria desde los años 90 para evitar el envenenamiento de las aves acuáticas)
  • Respetar las vedas y las épocas de reproducción

El debate conservación vs. caza

La coexistencia de la caza con la protección del Parque Natural genera debate. Los defensores de la caza controlada argumentan que los cazadores son los mejores guardianes del hábitat: tienen un interés directo en mantener las poblaciones de aves y los ecosistemas del lago. Los conservacionistas, en cambio, señalan que incluso la caza regulada tiene impacto sobre las aves y puede alterar los patrones de comportamiento de las especies.

Lo que es innegable es que, durante décadas, la caza regulada y la conservación del parque han convivido en la Albufera de forma más o menos equilibrada. Las poblaciones de anátidas se mantienen estables, e incluso algunas especies han aumentado sus efectivos gracias a los trabajos de gestión del hábitat promovidos en parte por las sociedades de cazadores.

La “tirada de patos”: una tradición única

Uno de los elementos más singulares de la cultura cinegética de la Albufera es la tirada de patos: una modalidad de caza en que los cazadores se colocan en puestos fijos (llamados posts o parades) distribuidos por el lago y los carrizales, esperando el paso de los patos al amanecer o al atardecer.

Esta forma de cazar, en la que el cazador no se mueve sino que espera al animal, requiere un conocimiento profundo del lago y de los patrones de vuelo de las aves. Los mejores puestos, que se han transmitido de padres a hijos durante generaciones, son conocidos y respetados como patrimonio familiar.

La imagen de los cazadores en sus puestos al amanecer, con la niebla sobre el lago y los patos surcando el cielo en bandadas, es uno de los paisajes más característicos de la Albufera en otoño e invierno.

Puesta de sol en la Albufera de Valencia

Caza y turismo: dos formas de amar el lago

Puede parecer contradictorio que un Parque Natural de alto valor ecológico sea también un territorio de caza activa. Pero en la Albufera, estas dos actividades representan, en cierto modo, dos formas diferentes de amar el mismo espacio.

Tanto el cazador que lleva décadas madrugando para conocer los movimientos de los patos, como el visitante que viene a ver la puesta de sol desde una barca, comparten un mismo sentimiento hacia el lago: el respeto y la fascinación por un paisaje único que merece ser conservado para las generaciones futuras.

La familia El Roig, que lleva generaciones en El Palmar, entiende perfectamente esta dualidad. El lago ha sido su fuente de vida —como pescadores, como arroceros, como guías de paseos— y también, en algunos momentos de su historia, como cazadores. Esa relación profunda y multidimensional con el agua es lo que nos hace conocer el lago mejor que nadie.

Observación de aves: la alternativa para los no cazadores

Si lo que te atrae de la Albufera es su riqueza en aves pero no practicas la caza, la observación de aves es una actividad en pleno auge en el parque. La Albufera es uno de los mejores destinos de ornitología del Mediterráneo occidental, con más de 250 especies registradas.

Desde la barca, especialmente al amanecer y al atardecer, la observación de aves es extraordinaria: garzas, flamencos, cormoranes, martines pescadores y, según la temporada, decenas de especies de patos y limícolas llenan el paisaje de movimiento y color.


¿Quieres ver las aves de la Albufera desde la barca? Reserva tu paseo con la familia El Roig llamando al 646 555 498.